En el resultante de un pensar conjunto respecto de nuestras prácticas docentes y principalmente de los jóvenes hacia los cuales nos dirigimos y con los cuales construimos el espacio cotidiano del aula, surge la preocupación imperante y por momentos desesperante de querer llegar a ellos pero no lograrlo, de pretender determinadas exigencias académicas a las cuales sólo algunas veces logramos aproximarnos.
Nos encontramos a diario con una ciudadanía aburrida, virtual, digitalizada, que vive en ritual de fiesta, con proyecciones académicas a corto plazo, casi sin apetencias y que convive desgraciadamente bajo la influencia indiscutible de los medios masivos de comunicación, que no logran tener una propuesta mínimamente aceptable a niveles cultural, social, y mucho menos educacional.
Entretenimiento dañino, programas chatarra, consumo excesivo y una dinámica de renovación permanente no posibilitan objetivos primeros en una clase de cualquiera sea la asignatura; como ampliar el lenguaje, comprender textos, analizar, discutir, abstraer, sociabilizar en el aula, etc.
Esos "caracteres" los podemos asimilar al hombre Cromagnon, como lo hace la autora Susana Velleggia en el artículo que citaremos a continuación, y que en tanto fuente de nuestro pensar, abre un espacio para discutir.
Las citas que se presentan a continuación pertenecen al artículo escrito por Susana Velleggia titulado: "Cromagnon: La república de los parias".
" (...) hay ciertos rasgos ancestrales del homo sapiens que no es posible sustraerle sin consecuencias nefastas: entre ellos el trabajo y las formas de sociabilidad y de organización social promotoras del universo simbólico y de su capacidad de comunicarse, expresarse y crear.
Si se practica esta sustracción a quienes -por la etapa evolutiva que atraviesan- más potencialidades y energía tienen para desarrollar éstas facultades, y si adicionalmente se perpetra contra ellos un empobrecimiento progresivo de sus condiciones de vida, se favorecerá una regresión de lo único que se les deja: el ritual de fiesta. "
" Afinadas estrategias de marketing transforman las genuinas apetencias de descubrimiento, experimentación, sociabilidad y autonomía de los chicos en cuantiosas ganancias, se trate de un film, canciones, un libro, bandas de rock, camisetas, zaptillas, juguetes, o alimento, con prescindencia de toda consideración sobre sus derechos y necesidades de desarrollo. Para aquellos cuyas familias poseen capacidad de consumo, el acceso a éstos y otros bienes (computadoras, internet, autos, motos, cámaras, viajes, idiomas etc.) tipifican una cualidad que hoy se exige a los niiños y jóvenes, sopena de quedar marginados del progreso: prepararse para ser ciudadanos del mundo."
" Para los otros, privados del acceso a éstos bienes, el mercado dispone de símiles que mantienen cierto punto de contacto con la cultura global pero implican experiencias aún más reductivas."
" La presencia de la cultura que construye el sentido de la viday del mundo, formando a los chicos, para comprender la realidad y actuar de manera transformadora en relación a ella, la que los impulsa a constituirse en sujetos y a ejercer sus derechos y responsabilidades como ciudadanos relaes -que no virtuales- se encuentra disminuida en ambos grupos sociales, aunque son los pobres los que tienen me nos oportunidad de acceso a ella"
"Ausencia de comunidad, hegemonía del mercado y satanización de la política - esto es; del espacio público como asunto prioritario que concierne a todos los ciudadanos- conforman un menage a trois tan armónico como perverso. La cultura de la diversión es la hija dilecta de éste triángulo promiscuo, y como tal, la encargada de naturalizar y reproducir el (des)orden por él instituido."
" Mientras no cese de crecer la becha entre dos sistemas culturales, el de los medios masivos e industrias culturales, y el que los organsimos culturales públicos entienden por "cultura verdadera" , el corpus cultural de la sociedad es sometido a una vivisección de consecuencias devstadoras. Los que Habermas define como "mundos de la vida", fuera de los cuales lo que resta es muerte, son excluídos por ésta falsa dicotomía. De ellos se sigue la incomprensión de los procesos culturales que, en la actualidad, signan la construcción de las identidades e imaginario de los niños y jóvenes. Como lo incomprensible genera inseguridad y temor, sólo queda abstenerse."